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Jueves, 06 de Marzo de 2014 09:22

La Abundancia de Gerentes y la Escasez de Líderes, ¿Con cuál se identifica usted?

por  Rubén Rivas
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La constante movilidad típica del medio empresarial nos lleva a estar observando cómo las organizaciones disponen de cuadros gerenciales cada vez más jóvenes en edad y cuya experiencia también es proporcional a su edad cronológica. Ciertamente la edad no es un factor condicionante negativo para ocupar una posición gerencial; lo que resulta condicionante son los conocimientos, habilidades y actitudes que las personas que los ocupan, posean.

Desde siempre hemos observado que mandos medios o personal staff es promovido o asignado a un cargo gerencial ante la ausencia de un titular que haya desertado o que hayan retirado. Es la normal sucesión, digámoslo.

Muchas veces encontramos perfiles de ocupantes de gerencia con conocimientos técnicos en el área de gestión, experiencia relativa acumulada, formación coherente y hasta posiblemente un postgrado. Ahora bien, deberíamos preguntarnos sí estas personas disponen del liderazgo necesario para trascender y aportar con efectividad en los resultados que una organización pretende alcanzar.

Lejos de pensar que el liderazgo es un rasgo implícito que sobreviene con el nombramiento de un cargo de gerente, lo cierto es que se trata de un factor escaso y valioso que deberíamos exigir. A continuación podemos observar algunas características que distinguen a un gerente y a un líder. Dese a la tarea de definir cuál es su rol.

Los gerentes suelen poseer una serie de competencias o habilidades que van desde la planeación, organización y control de algunas funciones. Logran integrar con algunos esfuerzos grupos de trabajo y normalmente se alcanzan los objetivos propuestos, independientemente de los costos organizacionales y humanos. Los líderes sin menos cabo de la capacidad de planear operativamente, se concentran en su capacidad de visualizar un horizonte transformador, cargado de optimismo y dinamismo, y desde el cual logran motivarse y motivar a los demás. El líder concibe una visión por demás inspiradora que le provoca una movilización personal hacia un escenario desafiante fuera de lo convencional, y desde allí inspira a otros a perseguir la conquista de dicho escenario.

Los buenos gerentes aportan una claridad en la táctica a desarrollar, organizando y coordinado las fuerzas de sus colaboradores, mientras el líder aporta una estrategia desde la perspectiva de superar lo aparente y dimensionar un logro mayor, tan motivante que pocos se resistirían. Además, mientras la táctica se cumple por mandato gerencial, la estrategia se cumple por deseo libre y maduro de proyectarse a algo mejor, conceptualizado desde el líder.

Los gerentes se orientan a formular metas y objetivos para favorecer una estabilidad empresarial. Pueden generar programaciones de trabajo de corto y mediano plazo en busca de esas metas precisas. Los líderes perciben una realidad más allá de la inmediata, enfocada al largo plazo, en búsqueda de una meta mucho más ambiciosa desde la perspectiva integral del ser humano y donde el logro de metas inmediatas y concretas sólo son peldaños para escalar y llegar a la cima.

Considerando que los gerentes se orientan en el cumplimiento de metas, lógico será pensar que buscan fundamentalmente la eficacia, a través de métricas que justifiquen su quehacer en la organización. Por otro lado, el líder enfatiza la eficiencia, tomando en serio que una meta no se puede justificar sacrificando diferentes recursos, fundamentalmente el recurso de la esencia humana en toda gestión. La eficiencia conlleva ser eficaz con el mejor uso de los recursos.


El gerente posee ideas y creencias fieles al cumplimiento de normas, sistemas, procedimientos, procesos y políticas. Se rige por tomar decisiones y superar problemas contemplados en ese entorno de métodos y resultados. El líder se enriquece de sus valores y principios que superan cualquier proceso y política, privando la idea que diferentes problemas se pueden resolver creativamente cuando se tienen valores vitales como excelencia, calidad, compromiso, responsabilidad, integridad, entre otros. Desde estos valores son capaces de reinventar técnicas y procesos, concentrándose en la versatilidad y creatividad frente a condiciones novedosas que se presentan y que no se contemplan en ningún manual o sistema de gestión.

Un gerente pretende controlar para garantizar que los esfuerzos se concentren y se traduzcan en acciones puntuales en el marco de los planes trazados. El líder sin descuidar resultados hace mayor énfasis en motivar a las personas que integran su área de gestión. Provoca que cada quien se responsabilice de su quehacer como un aporte decisivo para la permanencia o trascendencia de la realidad que viven.  Para ello más que dar instrucciones, lo que haría un gerente, el líder persuadirá desde una metáfora que sensibilice y seduzca las intenciones más potentes de los otros.

Un gerente logra muchas veces una integración de personas en un grupo de trabajo relativamente estable, cohesionado, más que todo, por vigilancia y las recompensas externas como compensaciones económicas y oportunidades de desarrollo vertical. El líder más bien genera una dinámica de equipo de alto rendimiento, propiciando que cada miembro se sienta elemento clave y crítico de interacción para la sostenibilidad del equipo mismo. Es así como el líder se apoya de las diferencias de cada persona para conformar una estructura rica en capacidades e individualidades, por lo que cada integrante se siente único y especial en su aporte. La pertenencia misma al equipo es un gratificante que incluso supera las recompensas materiales. Este equipo se concentra en la cimentación de relaciones altamente productivas capaces de transformar las típicas relaciones forzadas, en relaciones productivas con complicidad positiva.

Los gerentes orientan sus energías en exigir a sus colaboradores, demandándoles tiempo y esfuerzos y hasta lealtad. A diferencia los líderes se exigen a si mismos al grado de provocar un efecto de imitación espontáneo por parte de sus seguidores. No se requiere exigencias tácitas, si no experiencias de modelaje por parte del líder, que con su accionar contagioso provoca un irremediable seguimiento. Mientras el gerente ordena, el líder impregna su carisma personal con un “espíritu” tal que aunque se encuentre ausente físicamente, la energía de sus valores, acciones y trascendencias marcan la pauta del comportamiento de los demás.

En consonancia con lo anterior, los gerentes crean relaciones normalmente productivas, no así el líder que suele crear vínculos firmes con y en los demás, generando discípulos fieles. Este vínculo se basa en la relación directa, personal y respetuosa de la identidad del otro y desde la cual el líder fomenta un deseo irrefrenable de crecimiento y evolución personal constante.

“Si tus acciones inspiran a otros a soñar más, aprender más, hacer más y ser mejores, eres un líder”Jack Welch.

“La administración se centra en el límite inferior. ¿Cómo puedo hacer mejor ciertas cosas? El liderazgo aborda el límite superior: ¿Cuáles son las cosas que quiero realizar?”Stephen Covey.

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Ultima modificacion el Jueves, 06 de Marzo de 2014 10:47

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